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Crónica · 2019 · Medellin, Antioquia

El río Medellín: treinta años de tubería

El valle vertía sus aguas negras directamente al cauce que lo atraviesa. Dos plantas de tratamiento, construidas con casi veinte años de diferencia, cambiaron eso. No fue rápido ni fue barato.

Ximena RojasReportera de comunidad7 min de lectura

2000

Primera planta en operación

El antes

El río que atraviesa el valle de Aburrá recibía, hasta finales del siglo pasado, prácticamente todas las aguas residuales de una conurbación de varios millones de habitantes. Diez municipios descargaban sin tratamiento en un cauce de caudal modesto encajonado entre montañas. El resultado era el previsible: oxígeno disuelto cercano a cero en los tramos urbanos, ausencia total de vida acuática y un olor que definía la experiencia de vivir cerca de la ribera.

La particularidad del caso es que el río no atraviesa la ciudad de paso. Nace y muere dentro de la misma cuenca urbana, con lo cual todo lo que se le echa se queda en el valle o baja a la gente de aguas abajo. No había forma de exportar el problema.

La escala

  • 2000: entra en operación la primera planta de tratamiento del programa, en el sur del valle.
  • 2019: entra en operación la segunda, en el norte, una de las mayores de América Latina en su tipo.
  • Entre ambas, el sistema pasa a tratar la mayor parte de las aguas residuales del valle.
  • El programa se ejecutó a lo largo de más de tres décadas, con financiación de la empresa de servicios públicos de la ciudad.
  • Los indicadores de oxígeno disuelto en el cauce mejoraron de forma medible después de cada planta.

Cómo se hizo

Lo que hace instructivo este caso no es la ingeniería, que es estándar, sino el arreglo institucional que permitió sostener treinta años de obra.

La financiación vino de la propia empresa de servicios públicos, que es de propiedad municipal y transfiere excedentes al presupuesto de la ciudad. Eso creó una fuente de recursos estable, no sujeta a la negociación presupuestal de cada año ni al cambio de alcalde cada cuatro. Un programa de saneamiento cuya primera planta se decide en un periodo y cuya segunda planta se inaugura casi veinte años después no sobrevive de otra forma.

La segunda pieza fue la red de interceptores. Una planta de tratamiento sin colectores que le lleven el agua es un edificio caro y vacío. Buena parte del costo y prácticamente todo el tiempo del programa se fue en construir los túneles y ductos que recogen las descargas a lo largo del valle y las conducen a la planta. Esa obra es invisible, va enterrada bajo la ribera y no se inaugura.

Lo que quedó

El río dejó de estar biológicamente muerto en varios tramos y los reportes de monitoreo registran presencia de peces en zonas donde no había nada. No es un río limpio: sigue recibiendo carga de quebradas afluentes con vertimientos sin conectar, escorrentía urbana, residuos sólidos y descargas industriales que se controlan con dificultad. Un río urbano en recuperación no vuelve a su estado original, llega a otro estado, distinto y mejor.

Queda también una advertencia sobre el orden de las obras. Durante casi veinte años el valle tuvo una sola planta en el extremo sur, lo que significa que el tramo norte del río, el que recibe la descarga de los municipios de aguas abajo, siguió esencialmente igual mientras la ciudad celebraba haber empezado el saneamiento. Un programa por etapas reparte los beneficios de manera desigual entre municipios durante décadas, y eso es una decisión política disfrazada de cronograma de obra.

La lección transferible es de gobernanza y no de tecnología. Cualquier ciudad colombiana puede comprar una planta de tratamiento. Lo difícil es garantizar el flujo de recursos durante los treinta años que toma construir la red que la alimenta, en un sistema político que cambia de administración cada cuatro y que premia la obra visible.

Medellín tuvo, en este caso, una empresa pública solvente con horizonte largo. Esa es la variable que la mayoría de las ciudades del país no tiene, y es la que explica el resultado.

«Cualquier ciudad puede comprar una planta. Lo difícil es sostener treinta años la red que la alimenta.»

Historias de Impacto

Temas

  • rios
  • saneamiento
  • medellin
  • ambiente

Sobre las fuentesBasado en información pública de la empresa de servicios públicos de Medellín sobre el programa de saneamiento del río Aburrá-Medellín y en reportes de monitoreo de calidad del agua de la autoridad ambiental del valle.

Firma

Ximena Rojas

Reportera de comunidad

Trabaja a pie de barrio. Su libreta pesa más que su cámara.

Lo que quedó

Primera planta en operación
2000
Segunda planta en operación
2019
Duración del programa
+30años
Municipios de la cuenca urbana
10
Aguas residuales tratadas
la mayor parte del valle

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